Como cada Viernes, debo presentarme en casa de mi Ama para servirla como es
debido. Conforme me voy acercando, mi corazón late con más fuerza, mi pulso se
acelera y mi excitación crece por momentos. El placer que siento al estar bajo
sus órdenes es una sensación inigualable, de modo que accedo a todos sus
deseos de la manera más servil que uno pueda imaginar.
Me ha ordenado que debo acudir a su morada todos los Viernes a las 20:00 h.,
salvo orden en contrario. Por supuesto, la puntualidad es absolutamente
necesaria, ya que hacerla esperar sería un error imp...
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